Serie De Los Juegos Del Hambre -

—No voy a correr —dijo al fin.

Katniss tomó el sobre con dedos que no temblaban, aunque por dentro todo su cuerpo era un campo minado. Lo abrió.

Y por primera vez en mucho tiempo, sonrió. No era una sonrisa de victoria. Era una sonrisa de mañana.

—Corran —dijo en voz baja, solo para Peeta, que la sostenía del brazo—. Que corran por ellos. serie de los juegos del hambre

Entonces Katniss sacó el diente de león. Lo sopló. Las semillas volaron sobre el agua, sobre la multitud, sobre los nombres grabados en una piedra recién tallada.

Una mañana, un mensajero del nuevo gobierno —ya sin Capitolio, solo un consejo de distritos— apareció en la puerta de Katniss. Era una chica joven, con el pelo recogido en una trenza suelta y una mirada que recordaba demasiado a Prim.

—Una carrera. Como si pudiéramos correr hacia atrás en el tiempo. —No voy a correr —dijo al fin

Esa noche, Peeta encontró a Katniss sentada en el porche, mirando las estrellas.

La mensajera no insistió. Se fue con el broche en la palma, caminando de espaldas, como si temiera dar la vuelta.

Katniss miró hacia el horizonte, donde las luces del nuevo distrito 12 titilaban como luciérnagas. Y por primera vez en mucho tiempo, sonrió

Ella apoyó la cabeza en su hombro. Recordó a Rue, a Thresh, a Mags, a Finnick. Recordó a su padre, a Prim. Recordó a los chicos de los tributos que nunca tuvieron nombre en la prensa del Capitolio.

Y la primera carrera de la memoria comenzó. Nadie ganó. Pero todos llegaron.

Esa noche, mientras caminaban de regreso a casa, Peeta le preguntó:

"Querida Katniss: Cada año, los distritos votan para honrar a los caídos. No con juegos, sino con un día de memoria. Este año, el Distrito 12 propuso algo especial: una carrera de relevos desde el pozo de carbón hasta el lago. No es obligatorio competir. Pero todos queremos que tú des la primera zancada. El símbolo es tuyo."

Claro, aquí tienes una historia ambientada en el universo de Los Juegos del Hambre , justo después de los eventos de Sinsajo . Habían pasado cinco años desde el final de la guerra. Panem se reconstruía, ladrillo a ladrillo, y también lo hacían sus heridas. Katniss Everdeen ya no vivía en la Villa de los Vencedores, sino en una pequeña casa de madera en los márgenes del Distrito 12, donde el silencio solo era roto por el canto de los sinsonte y el viento que peinaba las praderas de dientes de león.