Obb: Balas Magicas - Holograma
Lina negó con la cabeza. Su forma se desdibujaba cada vez más.
El profesor Holograma se lo había advertido. "Las balas mágicas no son para juegos, Obb. Cada una contiene una memoria encapsulada. Disparas una, revives un instante. Disparas dos, lo cambias. Disparas tres... bueno, nadie ha disparado tres."
El profesor Holograma se encogió de hombros.
—Porque cada magia tiene un precio. Y tú, Obb, acabas de pagar el mío. Ahora sé quién eres: alguien que dispararía tres balas por amor. Eso es más valioso que cualquier recuerdo. Obb Balas Magicas - Holograma
El espejo roto detrás de ellas se recomenzó a sí mismo, pero al revés. Las grietas se cerraron, pero en lugar de reflejar a Obb, reflejaba al hombre sin rostro, que ahora tenía uno: el rostro del profesor Holograma.
El holograma mostró entonces la verdad que nadie le había contado: Lina no desapareció. La tomaron. El hombre sin rostro le ofreció una flor negra, ella dudó un segundo, luego sonrió y la aceptó. La flor la absorbió, la convirtió en luz, y la luz se filtró por las rendijas del portón.
Obb giró sobre sus talones. El profesor estaba de pie en la escalera del sótano, con una flor negra en la mano. Lina negó con la cabeza
—Obb —dijo ella, y su voz sonaba a estática—. ¿Por qué me trajiste de vuelta? Yo ya no era yo.
Obb la cargó. Apuntó al holograma, ahora tembloroso, inestable. Lina estaba a punto de tocar la flor negra. El hombre sin rostro extendía la mano.
La mancha violeta se apagó. Obb se quedó solo en el sótano, con la caja vacía, el espejo limpio, y el eco de una respuesta que nunca quiso escuchar. "Las balas mágicas no son para juegos, Obb
El mundo se blanqueó. No hubo sonido, solo una presión enorme en los oídos. Cuando Obb pudo ver de nuevo, el holograma había cambiado por completo. Ya no era el pasado. Era un ahora construido con retazos de luz violeta. Lina estaba frente a él, no como recuerdo, sino como presencia. Pero incompleta. Sus bordes parpadeaban como una llama débil.
Obb sintió que se ahogaba. Había cambiado el recuerdo. No para borrarlo, sino para ver lo que estaba oculto. Sabía lo que venía. La tercera bala.
Disparó.





