Intrusos En El — Castillo
Intrusos En El — Castillo
—¿Estás segura de que es aquí? —susurró Leo, con una linterna temblorosa en la mano.
El conde soltó una carcajada seca.
—Esto es lo que deben robar —dijo el conde—. No un deseo mágico, sino un viejo sueño. Ahora, con mi firma y lo que queda de mi fortuna, podemos hacerlo real.
—¿Quién anda ahí?
Tres meses después, el hospital reabrió. En la puerta principal pusieron una placa que decía: "En memoria de Elara, y en honor a dos pequeños intrusos que entraron en un castillo y encontraron un corazón que aún latía".
—He maldecido a todos los que se acercaban. He puesto trampas y he gritado desde las ventanas. Pero esta noche... esta noche los intrusos han traído algo que creía perdido: esperanza.
Here is the story "Intrusos en el castillo" (Intruders in the Castle). El castillo de Altanoche se alzaba sobre la colina como un esqueleto de piedra. Nadie del pueblo de Vallefrío se atrevía a subir allí, no porque temieran a fantasmas o maldiciones, sino porque el viejo conde Humberto aún vivía dentro, y su mal humor era más temido que cualquier espectro. Intrusos en el castillo
El conde Humberto ya no vivía solo. Ayudaba a organizar los libros de cuentas, y cada noche, antes de dormir, miraba la colina y sonreía. Al fin, los intrusos se habían quedado. Y el castillo, por primera vez en décadas, ya no era una prisión, sino un hogar.
Llevó a los niños a la torre del reloj. En lugar de un cofre, encontraron un viejo baúl lleno de planos, cartas y una libreta con el título: Proyecto Nuevo Hospital de Vallefrío .
El conde envejeció diez años ante sus ojos. Dejó caer el bastón y se sentó en un escalón de mármol roto. —¿Estás segura de que es aquí
El conde levantó la mano temblorosa.
—Somos... intrusos —dijo Leo, con la honestidad de quien no sabe mentir.
—El libro de la biblioteca decía: "Donde el reloj da trece campanadas, el corazón del conde duerme en un cofre de ébano" —respondió Sofía, revisando un mapa amarillento. Era su plan: robar el legendario Corazón de Ébano, una joya que, según los rumores, concedía un deseo a quien la poseyera. Ellos querían salvar el pequeño hospital de Vallefrío, que iban a cerrar por falta de dinero. —Esto es lo que deben robar —dijo el conde—
Sin embargo, una noche de luna llena, dos figuras pequeñas y ágiles cruzaron el foso seco y se colaron por una grieta en el muro occidental.



